-Para poder hacer las cosas -respondió el camellero-. Y cambiar lo que no me gustaría que sucediera.
-Entonces dejará de ser tu futuro -le respondió el adivino.
-Entonces tal vez quiero conocer el futuro para prepararme para las cosas que vendrán.
-Si son cosas buenas, cuando lleguen serán una agradable sorpresa -dijo el adivino-. Y si son malas, empezarás a sufrir mucho antes de que suceda.
-Quiero conocer el futuro porque soy un hombre. Y los hombres viven en función de su futuro.
-Me gano la vida adivinando el futuro de las personas. Conozco la ciencia de las varillas y sé como utilizarla para penetrar en ese espacio donde todo está escrito. Allí puedo leer el pasado, descubrir lo que ya fue olvidado y entender las señales del presente. Cuando las personas me consultan, yo no estoy leyendo su futuro; estoy adivinando el futuro. Porque el futuro pertenece a
Dios, y Él sólo lo revela en circunstancias extraordinarias. ¿Y cómo consigo adivinar el futuro? por las señales del presente. Es en el presente donde está el secreto; si prestás atención al presente podrás mejorar. Y si mejoras el presente, lo que sucederá después también será mejor. Olvida el futuro y vive cada día de tu vida en las enseñanzas de la Ley y en la confianza de que Dios cuida de sus hijos. Cada día trae en sí la Eternidad.

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